domingo, 15 de julio de 2007

RICARDO TOLOZA








Conjeturas sobre el supuesto retiro de Jim Dalton

El catastro no es sencillo

a media tarde

cuando el desastre es la única latencia

y un trajín de voces agitadas

lo inunda todo

con la liviandad del viento

Niños Jugando en el traspatio/

chalacas suben/chalacas bajan

Palomas copulando

en el oxido de los techos/

Señoras/Señores/

Ebrios/

Todos/

abren y cierran puertas

murmuran tras las cercas

caen

como polillas encandiladas

como perros

cansados de girar sobre la misma órbita

(Cuidado

a velocidad de vértigo

los dedos se adormecen

la carótida se inflama

el cuerpo se transparenta

la hazaña ahí es el cálculo del verso

quel verso sea lo que quiera

que todo en él está permitido)

Desfile de colores en la alambra

y Jim Dalton

que trasiega en el silencio

con la lentitud de los retirados

se desplaza

a media tarde

hacia la estación en ruinas

con las maletas llenas

de bártulos inservibles

recogidos

en unos cuantos desbarrancaderos

de la Agüita

muñecas amputadas

marcos de bicicleta

neumáticos

teteras

ollas

zapatos

Prozac/Valium/Marihuana/Peyote/Mezcalina/Cocaína/Heroína/Anfetaminas

Artanes/Tornariles

Por si al cuchillo de cocina

se le ocurre fallar en el último minuto.


Di end

Hualpencillo

Porqué no El tajo

Porqué no Welcome to El Tajo

territorio de Dalton

Starring

donde todos desaparecen

solo

para dejar el rastro

como olisqueada

mancha vieja

de vino añejo

de vino en caja

en la solapa

de tu gabardina

de luto

Soy el héroe

en domingo

mientras recordamos

como viejos que somos

las ganadas

apiñados frente al proyectógrafo

La vida en imágenes

es mejor

me digo Jim

mirando la vieja

que llena las copas

por los muertos que estamos

y los que ya no están.


Su ello que tiene ella de nostálgica la noche/Dalton a solas olisqueándose los pies

Tomando en cuenta

La persona de su cuerpo

Reparo

(A solas

A secas

tamaño silencio enquistado

de noche en Hualpencillo

las paredes se hacen eternas)

en la única soledad que existe

en ausencia total de su belleza.



Dalton afiebrado/llueve hace semanas tras los mismo vidrios

Sueño que me circuncidan

Que me dan cicuta

Que por los párpados me tiran

mis acreedores

Que me gorjea el cuervo

una canción de cuna

en medio del desierto

Que de tanto estar enhiesto

en el cubículo

se me cansa el seso

y me disparo

de sentir en la piel

sol quemante

y reflejo miserable

que infarta

en este supuesto paraíso

Golpean

Golpean

empalan ciegos/

sordos/mudos/

anormales/bestias

por los pies

obligan a besarle

A Jim

A Jim

A Jim

cruzando la alberca

escapando del fuego

prisionero en la ruedita de Chicago

Flores mustias

como promesas

en el ocaso interminable.


Diario, Día III

I

Hualpencillo o el mar, dijo la voz

Y luego todo discurrió como entre cantos superpuestos

Voces superpuestas de niños apilados en iglesias y capillas

catedrales y templos

Pilas de niños sobre charcos de lluvia en las bóvedas de Cristo

Un coro de niños hermosos arrasados por la guerra

O a punto de ser arrasados por la guerra

Unos sobre otros

Como luces atropelladas por un mar de luces todavía más grandes

Una pantalla infinita de luces chisporroteando en la caverna del lobo

Y obuses que caen espantando a la noche sobre excavaciones fulminantes

II

Esos niños son cualquier hombre, Jim

No llores, no te apenes

Nada más que otros perdidos en la ciénaga del tiempo

Tu mismo sentado a la orilla del mar

En espera de un nuevo año con las manos vacías

La salvación de Hualpencillo caerá por su peso, Jim

Y el mundo entero no es más que la cifra exagerada de una misma y gran caída

III

Tranquilo Jim, Tranquilo

Basta de llorar

Ya sé que las naves se han quemado con los cuerpos

Pero incluso así tienes el mar

El mar o Hualpencillo, Jim

¿Escuchaste? El mar o El Desierto

Así que Elige,

Pero deja ya de llorar, por favor

Estás viejo para esas cosas

¡Te lo dije, Jim!

Deja ya de comportarte como si fueras un cobarde.



Diario, sección IIIa, día XXV

I

No hay dolor en aquesa poesía, Jim

Puro simulacro sobre mantos de terciopelo

II

Uno/dos/tres gritos no bastan

Porque vasta es la noche y una sola

Y todos sus hijos son iguales

(Sombras congeladas sobre el columpio del hastío)

III

Poetas que se disfrazan de locos

Y rasgan vestiduras, pero sólo eso

Jamás han asestado un golpe que disloque una mandíbula

Sin embargo hablan de la muerte como si fueran Hamlet

regresando del mar

El mundo no es más que una gran bóveda, Jim

¿Lo entiendes?

Y así es como acabaremos

encerrados y ajenos

a cualquier final sorpresivo

IV

Mejor harías, Jim

En espera del glaucoma heredado de tu abuelo

Imitando su voz y su silencio

O de una vez por todas hazte a un lado

como tu propio padre

Así Jim, quietito tras los vidrios y a esperar, qué

La luz, el reflejo, otro rostro, quizá

Distinto al tuyo


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Joven:

No sé si recuerda, pero hace tiempo le dije que su poesía algo encubre, algo esconde, incluso me atreví a decirle que lo descubriría, y lo haré. un abrazo.

REVISTA SCANDIO dijo...

Ricardo

Que tal tu poema: no sé, a estas alturas ya no se sabe mucho de mucho, menos de esto. Pero me suena mucho a mucho de mucho de lo que ya escuchado por las calles del Concepción que nunca cambia sus delirios, aunque algo TUYO hay; una brasa que está por encender.

Te saludo.
Juan Torres Jiménez