domingo, 15 de julio de 2007

ALONSO TAPIA

















Nosocomio

De la enfermedad como decisión propia

Alguien dice que viaja.

Y entonces lo hace.

Deja, aproximadamente,

Toda una vida, un gran estanco,

Una bacinica que pesa

Como los mil demonios.

“somos gatos salvajes

Quedamente adornados

en el traspatio”,

le dice su amigo

al oído.

Entonces lo hace.

Día uno

Una mandíbula Desvencijada

Como una ciudad

Cayendo

Dientes si,

Dientes no,

Esa es la vista al frente.

El pasillo que pierdo

Ahora

Es mi mejor espejo.


fichas

me hicieron una ficha,

mi número

el

un millón

de huesos

antes que yo.


Bitácora uno

La noche cero

Tiene un tiempo que no se mide

En horas o en días

O en lunas.

De ubicarlo en un mes,

Mejor olvidarse.

Comienza cuando ella desciende del tren

Y dice que aún no llega

I

Había un par de

Enfermeras

Muy putas


Bitácora dos

La noche cero comienza,

Pero no termina.

En ese espacio que es un rizo del tiempo,

Caben:

Los visajes oscuros que nos es dable imaginar a solas,

Las frases gastadas de una despedida,

Los poemas infernales que hacemos.

Sin recados

Ayer Los guardias

Me pasaron una llamada,

Era un amigo muerto, me hablaba de temas muertos.

Y sí, por supuesto

Que la voy amar por siempre, le dije,

y le colgué.

Estaba al otro lado del mundo,

Pero ya no importa, por que yo estoy también muerto ahora.


Bitácora tres

Aunque nos preocupamos

Siendo cuidadosos,

Esa noche a la

Que no quiero llamar cero,

Nos robaron.

De sus gabardinas a la mía

Tejieron sus manos invisibles

Sus murmullos afilados

Un camino de ausencia

Lo que hubo,

Lo que fue tocado,

Se hizo ausente

Olvido su peso

Y pertinencia.

Ellos eran la niebla

Esa noche.

II

Había un par de

Enfermeras

que nos bajaban la fiebre

Bitácora cuatro

Por otro lado

No hay una contraparte

No hay algo como “el día cero”

Que me sea aciago.

No hay mes cero,

No hay semana cero,

No hay año cero,

Solo una noche que se abrió

Como un grifo olvidado


III

Había un par de

Enfermeras

Muy atentas


De augurios

Sueño con vikingos de traje,

Sueño con perros salvajes,

Sueño con pistoleros a sueldo

Que vienen por mí,

Más cuando despierto

Son mis médicos de cabecera

Que vienen por mí.


IV

Una de las enfermeras

está preñada.

Ese hijo,

Si bien, nadie lo ha dicho,

Es de todos los terminales.


Nostalgia

Hablaste de una foto

(Me habías hecho una promesa)

Octogenaria

Antes de partir,

Antes de bajar,

Aún la noche de ausencias

Como una cometa sin hilo,

No caía, no había cifras, números neutros.

Y yo esperaba,

Sentado allá o acá,

Por mi correo, ¡que llegará!

Un extravío que intuía.

Yo mismo había perdido tu boca de grieta.

Una imagen que lleno de olvido mi busca

V

La enfermera ha muerto en el parto.

El niño ha sido adoptado

Por los terminales.

-un padre menos cada día-

-un padre nuevo al otro-

(Nada de cartas).

Bitácora cinco

A pesar de que he buscado

Y estoy cierto de haber visto

Sus rostros

No recuerdo, no recuerdo

Que la ciudad sea

De tal manera desierta

Ni que sus ladrones sean fantasmas

Tampoco recuerdo ese sonido de grifo irreparable


Ítaca

¿Como se llama el

Perro de Ulises,

Como se llama

Su mujer?.

Durante veinte años

Seré yo volviendo

Mientras teje un su mente

Una cura para todos los males

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Quién hizo esto? Muy sorprendida. De verdad, agradablemente sorprendida.

Anónimo dijo...

joven A:

Luego de nuestro primer paseo ultranovista por las calles de Talcahuano y que usted me explicara de bella manera los avatares de Ultranovismo, he pensado bastante sobre aquello... ¿me sumo o no? me lanzo al desplazamiento o no? tomar decisiones, muchas, sobre todo ahora. Pero gracias a magias como la suya, todo se hace más bello.
Gracias por la poesía, la magia, la sopaipilla, el tren, la grabación, la historia.

un abrazo.